Todo lo sólido se desvanece en el aire y todo lo sagrado es profanado. Los humanos se ven entonces obligados a considerar con ojos sobrios y realistas sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocas.
La necesidad capitalista de acelerar su reproducción potencia a la especie hacia el control universal de las fuerzas de producción.
Mientras que el ser a escala global es atravesado por la necesidad de saber científico, la civilización avanza hacia su organización racional basada en conocimiento cada vez más preciso de sus condiciones de existencia.
Le corresponde a los humanos conscientes obrar esta potencia en la medida de sus posibilidades.